Fernando Báez Sosa y la democracia

Conmovido por un video
en el que se ve a Fernando Báez Sosa trabajando en tareas comunitarias y en la construcción de lo que parece una escuela
, cotejado luego por las vistas ultradifundidas en que se ve cómo fue asesinado en Villa Gesell por una patota de cobardes burguesitos hijos de ricos al grito de “negro de mierda”, hay que confesar que sólo con lágrimas se pueden aguantar el dolor y la bronca, pasos previos necesarios para una reflexión más o menos serena.

La cual no puede soslayar hechos como que el padre de uno de los principales acusados, probablemente ex rugbier él también, dice a la prensa canalla que lo amplifica que: 1º) lo sucedido “es una pesadilla”; 2º) su hijo “está destrozado”; 3º) él mismo dijo estar “destruído”; 4º) y en su familia “muertos todos”. Ninguna alusión de lamento por el asesinato feroz del “negro de mierda”. Ningún pésame para la –esa sí– destruída familia Baez Sosa.

Duro comienzo de nota, sí, pero porque es imposible no pensar y decir que Fernando fue también asesinado a mansalva por la parte más enferma de la Argentina, esa basura moral y violenta que gobernó esta tierra los últimos cuatro años y que mató a tantos y tantas. Y que impone la urgente tarea de sanarla democráticamente y por vía de la paz, imperativo cuyo camino mejor pasa por una profunda reforma constitucional, que sólo podrá ser legitimada auténticamente mediante referendum o plebiscito.

Es seguro que el párrafo anterior inflamará a tinterillos y charlatanes, a sueldo y con micrófono, que ya han agredido a Raúl Zaffaroni, Eduardo Barcesat y otros juristas, y al autor de esta nota, todos atacados ferozmente y atribuyéndonos lo que ninguno propuso. Porque ninguno propone “eliminar” ni la Constitución Nacional ni el Poder Judicial, estupidez sólo imaginable por necios o cretinos.

Lo cierto fue y es la tergiversación de estas ideas que son la base del Ideario de El Manifiesto Argentino desde que en enero de 2002 un grupo de compatriotas de media docena de provincias pusimos en marcha, y que hemos refrendado en los últimos dos congresos nacionales. Allí postulamos que “la ciudadanía necesita recuperar la confianza en el sistema político, para lo cual debe instalarse primero el debate en la sociedad. El principio constitucional de que “el pueblo argentino no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes” está cuestionado desde hace muchos años y es necesario que la ciudadanía vuelva a confiar en sus representantes, para lo cual es indispensable que la Nueva Constitución Nacional defina y legisle nuevas formas de participación popular no delegativas. Es imprescindible revisar y reformular, con serenidad y cordura, todo el sistema de representatividades vigente en la Argentina”. O sea: democracia participativa en lugar de representativa.

Y el otro punto fundacional que propusimos –también distorsionado por los Servicios de Confusión Nacional en los mentimedios y la telebasura­– refiere a la necesidad de “una Reforma Judicial absoluta, tendiente a sustituir el corrompido e incorregible Poder Judicial vigente por un Sistema de Justicia transparente y ágil al Servicio de la Nación”, para lo que proponemos “poner en práctica el sistema de Juicio por Jurados” y una “nueva Corte Suprema de por lo menos 9 miembros elegidos por votación popular y con desempeño de funciones durante un máximo de 10 años, no renovables” y que además sean “sujetos fiscales sin privilegios”.

Son ideas que obviamente aterran al poder medular de la Argentina. Que no soporta y desprecia toda expresión y autodeterminación popular. Que no tolera representaciones que no controla. Y que mucho menos aceptará jueces y fiscales elegidos por el voto democrático de la ciudadanía ni muchas otras normas urgentes, referidas a temas ambientales, de género, educativos y de política exterior, por lo menos.

E ideas –también hay que decirlo– que de ninguna manera van en contra de lo que hoy postula, dispone y viene ejecutando el nuevo gobierno nacional, puesto que entendemos perfectamente que Alberto y Cristina consideran que hay otras urgencias, y sin dudas tienen razón.

Por eso el Ideario del MA nos estimula. Porque hemos crecido y acompañamos al gobierno como en toda la campaña y sin bajar ninguna de nuestras banderas históricas. Y también por esto llamamos a la reflexión a sectores apresurados, ansiosos o ultras que se declaran “defraudados” en un mes y medio y andan ya extraviándose, acusatorios y, como siempre, con la razón pero para la sinrazón.

Y porque somos parte del Frente de [email protected], y tenemos el compromiso de trabajar codo a codo en las ideas y en la acción, es que también en esta circunstancia apoyamos la propuesta de Paco Durañona y Pedro Peretti –camarada uno y dirigente del MA el otro– de nacionalizar la exportadora de granos Vicentín, para que el desfalco al Banco Nación sea reconvertido en la Empresa Nacional de Alimentos que el país necesita con urgencia.

Siempre son las ideas las que inician el camino de las realizaciones y los cambios sociales. Por eso, reviendo sobre el final de esta nota el video en el que Fernando Baez Sosa descarga una carretilla de materiales ayudando en una construcción social, con sonrisa dulce y buena, al dolor se suma el disgusto frente a padres y madres que criaron (no educaron, apenas criaron) semejantes bestias. Y resulta inevitable preguntarse lo que sólo algún sociólogo respetable sabría responder: ¿Acaso la maldición que soporta este país desde hace años no tiene que ver también con todo esto? Los que estamos entrando en lo que Juan Filloy llamaba la “Vejentud Dichosa” también deberíamos preguntarnos qué responsabilidad tuvimos en esta tragedia que además de familiar es colectiva. ¿Qué habremos enseñado mal, como sociedad, a estos que hoy son manadas y de los que hay en toda la Argentina? ¿Por qué, si no, casi medio país –y yo creo que por puro antiperonismo imbécil– en el fondo de sus corazones (si los tienen) también creen eso de “negro de mierda” y de alguna manera conjugan el verbo matar casi todos los días? 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/244034-fernando-baez-sosa-y-la-democracia

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