Pacto policial para esconder el asesinato de Luis Espinoza

“¿Qué hicieron con Luis?” fue la pregunta que encabezó el desesperado reclamo de la familia Espinoza a partir del viernes 15 cuando él y su hermano fueron atacados y golpeados por policías de la comisaría de Monteagudo, en pleno monte tucumano donde casi no hay señal de celular. 

Un fuerte golpe en la cabeza de Juan Antonio lo desmayó y cuando volvió en sí su hermano ya no estaba. Página/12 pudo reconstruir lo que sucedió después, a partir de las confesiones de cuatro de los policías imputados en la causa, cuyas declaraciones permitieron el hallazgo del cuerpo. “Estamos todos en la misma situación”, dijo el subcomisario Rubén Montenegro ante el grupo de uniformados que había participado del operativo represivo de una carrera de caballos no permitida por el aislamiento social obligatorio, cerca de donde circulaban los hermanos Espinoza. Según explicó a este diario una fuente de la investigación, ese funcionario policial organizó la desaparición del cuerpo. Si bien en el complejo operativo en zona montañosa participaron policías, bomberos y miembros del ECIF (Equipo Científico de Investigaciones Fiscales), quien detectó el cadáver de Espinoza envuelto en bolsas fue su hermano Juan Antonio, que participaba de la búsqueda.

Al anochecer del jueves 21 habían sido detenidos diez imputados por la desaparición forzada de este trabajador rural de 31 años, que el viernes 15 había ido a cobrar junto a su hermano Juan Antonio, y se dirigían a visitar a un familiar cuando pasaron por el lugar donde se estaba corriendo una carrera cuadrera. Éstos eran el subcomisario Rubén Montenegro, el oficial auxiliar José Morales, el sargento primero René Ardiles, el sargento Víctor Salinas, la cabo y dueña de la camioneta usada en el operativo, Miriam González, los cabos José Paz y Claudio Zelaya, y el agente Gerardo González Rojas, todos de la comisaría de Monteagudo. También quedó detenido y acusado otro policía de apellido Romano y un civil apodado “Villa”, por Héctor Villavicencio, que prestaba colaboración sin armas, una herencia del gobierno anterior que habilitó seguridad “privada” para los municipios.

Los primeros en quebrarse, tal como informó este diario, fueron Ardiles y Díaz, pero luego hablaron otros dos policías y sus versiones fueron coincidentes. El jefe policial del departamento tucumano de Simoca sabía que se iba a realizar la carrera, de modo que se comunicó con el subcomisario Montenegro, jefe de la comisaría de Monteagudo. Éste policía convocó a tres turnos de uniformados –el saliente, el que estaba de guardia y el ingresante– además del vigía Héctor Villavicencio, alias “Villa”. “Él va y desarma la carrera, en su auto particular y la Kangoo gris; al llegar hacen disparos al aire, ellos dicen que la gente tenía armas de fuego pero no es cierto, se manejaron como patrones de estancia. En eso ven a los dos hermanos y los reprimen”, relató la fuente. 

La autopsia que se realizó en la Morgue de San Miguel de Tucumán indicó que hubo un disparo de arma de fuego, de una 9 milímetros, que perforó el pulmón y lesionó la zona intercostal. “Ingresó de arriba hacia abajo y de costado de espaldas, impactó en la arteria aorta, lo que habría producido la muerte de manera instantánea, y hay una lesión en la cabeza en la parte trasera, podría ser como consecuencia de la caída o un golpe anterior”, explicó a Página12 una alta fuente judicial. Al cuerpo le faltaba la ropa, estaba envuelto en una colcha gris y una bolsa negra y blanca, atado con sogas grises.

El autor del disparo aún no fue identificado, pero los testimonios indican que el jefe y otros agentes están más comprometidos. Se sabrá con los peritajes de las armas secuestradas, porque del cuerpo se extrajo un proyectil no deformado. Los restos de Espinoza ya fueron entregados a la familia, su madre Gladys Herrera, sus hermanos, entre ellos el sobreviviente y testigo Juan Antonio, su esposa Soledad Ruiz, y sus seis hijes.

¿Qué hicieron con Luis?

“Probablemente ya muerto se lo llevaron en la Kangoo”, sigue el relato sobre lo que sucedió aquel viernes 15 por la tarde. Los primeros dos policías que hablaron, Ardiles y Díaz, no estaban en el lugar de la muerte, pero Montenegro los mandó a que impidan que la gente de la carrera se acerque. “Una vez que volvieron a la comisaría Montenegro les dijo ‘estamos todos en la misma situación, vamos a desaparecer el cuerpo’, y habría sido él quien pergeñó cómo hacerlo, se trasladaron a la zona de Alpachiri donde habían decidido tirar el cuerpo, y dejaron los celulares en la comisaría para que nadie pueda reconstruir el camino, sin embargo una cámara de seguridad los toman yendo hacia ahí”, describió la fuente. 

El lugar no fue elegido al voleo, es muy alto, un camino de tierra de altura y poca circulación. Fueron hasta la cima de esas montañas bajas, donde del otro lado de los precipicios ya es Catamarca. Quizá fue adrede, para que caiga en otra jurisdicción o simplemente porque era lugar más inaccesible. “Si no se quebraban no lo encontraban nunca más, estaba en un barranco de 150 metros de profundidad en medio de una selva de yungas”, lo cual implicó muchas horas de búsqueda. A mediodía llegaron los familiares, Juan Antonio, su esposa Patricia y otro hermano, que se habían acercado junto a muchos vecinos, con el aporte del intendente de Simoca y el delegado comunal de Chicligasta, que ya habían colaborado con recursos en los rastrillajes previos. 

“En Concepción hay una ruta hacia la montaña, es el lado oeste tucumano con cordón montañoso, a 40 kilómetros de Alpachiri yendo para Las Estancias, en Catamarca. “Juan, hombre de campo, escuchó ladridos de perros y marcó un lugar a los bomberos y al personal del ECIF, justo donde estaba el cuerpo de su hermano”, dijo la fuente. Junto a sus familiares había bajado sin sogas a pie por la barranca. A Juan –quien tiene secuelas con dolor de cabeza tras la golpiza del día 15– le subió la presión y tuvieron que llevarlo al hospital de Concepción.

#JusticiaPorLuisEspinoza

Ninguna declaración se pronunció de parte del Poder Ejecutivo provincial que conduce el gobernador Juan Manzur. No así desde la Nación, que a través de la secretaría de Derechos Humanos estuvo acompañando a la familia y siguiendo paso a paso la causa. El secretario Horacio Pietragalla dijo quer que “ante la triste noticia de la aparición sin vida del cuerpo de Luis Armando Espinoza, expreso mi más enérgico rechazo al accionar ilegal de la fuerza policial”. 

“El caso de este pibe, igual que el de Santiago Maldonado, es desaparición forzada seguida de muerte, lo mataron y fue desaparecido, no hay que aflojar, pongan esto en 20 comunicados si es necesario porque esto es terrible”. La voz de Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo línea fundadora circuló por las mensajerías, y habló en el mismo sentido que Sergio, el hermano de Santiago, y su abogada Verónica Heredia. “Deben terminar de una vez por todas las Desapariciones Forzadas y Homicidios realizados por personal de las Fuerzas de Seguridad escudándose en el Estado”, escribió Maldonado en su cuenta de Twitter. 

El viernes expresaron su repudio al hecho organismos de derechos humanos, tales como el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que ya se habían pronunciado por la aparición con vida de Espinoza, desaparecido desde el viernes 15 “cuando un grupo de policías se abalanzaron sobre él y su hermano con la excusa de que estaban violando el aislamiento social obligatorio”.

Por otra parte, los organismos nucleados en el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia también se pronunciaron a través de una declaración. “Repudiamos la desaparición forzada de Luis Espinoza seguida de muerte, el ocultamiento de su cadáver en otra provincia y el silencio cómplice oficial del gobierno nacional y el gobierno provincial ante todos los hechos denunciados. ¿Estaban esperando un muerto para hacerse cargo de que la libertad de acción a las fuerzas represivas terminaría de esta manera? ¿O tampoco ahora se harán cargo?”, plantean en el texto.

Ayer a mediodía hubo una manifestación en la Plaza Independencia de San Miguel de Tucumán, donde manifestantes de agrupaciones de izquierda cantaron “yo sabía, que a Luis Espinoza lo mató la policía, asesina”, tal como reportó la periodista Mariana Romero. Ella estuvo también con los familiares el viernes en la ruta y en sus casas. “Comenzaron a hacer un fuego y se sentaron alrededor. Nadie hablaba. Se quedaron hasta la noche, a esperar que pase el cuerpo. Pero la demora y el frío los corrió. Se subieron al colectivo, volvieron a Chicligasta dónde habían dejado los caballos y se fueron a su casa. Cuando llegó la noticia, la bronca se convirtió en silencio”, escribió.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/267804-pacto-policial-para-esconder-el-asesinato-de-luis-espinoza

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