Un primer mes marcado por el escándalo

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, cumple hoy su primer mes de gobierno que estuvo marcado por denuncias de corrupción contra su hijo, un grave desastre minero y una intervención poco destacada en el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza.

Los retos fueron además personales, dado que el mandatario de 63 años está hospitalizado desde el lunes luego de una intervención que le retiró la bolsa de colostomía que cargaba desde el intento de magnicidio que sufrió en un mitin de campaña. Ayer, desde el hospital Israelita Albert Einstein en San Pablo, Bolsonaro anticipó la celebración: “Son muchas las líneas de actuación en este primer mes de gobierno y todavía hay mucho por hacer. Estamos en el camino correcto. ¡Nuestra misión será cumplida! ¡Brasil ocupará la posición que merece en el contexto internacional!”. También desde Twitter, el mandatario ultraderechista comunicó que aún está en pleno proceso de recuperación pero a partir de ayer empezó reuniones de trabajo junto a sus ministros. 

Sin embargo, el verdadero desafío para el exmilitar podría empezar hoy cuando entre en funciones un nuevo Congreso con más de treinta partidos, con los que Bolsonaro deberá lidiar para impulsar sus reformas económicas. Su fuerza política, el Partido Social Liberal (PSL), tendrá 55 diputados de un total de 513 y cuatro de los 81 senadores. 

En cuanto a su hijo, Flavio Bolsonaro, hace pocas semanas el Consejo de Control de Actividades Financieras (COAF) de Brasil detectó depósitos atípicos en su cuenta. Luego la justicia brasileña pasó a investigar movimientos bancarios sospechosos en la cuenta de Fabricio Queiroz, ex  empleado de Bolsonaro hijo durante su etapa como diputado regional de Río de Janeiro. El informe del COAF afirma que por una cuenta bancaria de Quiroz pasaron, entre enero de 2016 y enero de 2017, 320 mil dólares, una cifra mucho mayor a sus ingresos mensuales de 5500 dólares. De la misma forma la entidad identificó ingresos atípicos entre junio y julio de 2017 en una de las cuentas del hijo del mandatario. Se investiga si hay un esquema de lavado de dinero en el entorno de Bolsonaro.

El último desempeño público del ex militar antes de su intervención quirúrgica fue en el foro de Davos. En el evento que reunió a cientos de multimillonarios, empresarios y jefes de estado, Bolsonaro usó apenas seis de los 45 minutos a los que tenía derecho para presentar sus proyectos ante la élite económica y política. Y buena parte los dedicó a desestimar acusaciones hacia la avanzada deforestación en la Amazonía a pedido del sector agropecuario, un actor clave que apoyó electoralmente a Bolsonaro. A pesar de su no lucido desempeño en Davos, los mercados siguen respaldando las acciones del mandatario. Según afirman grandes corporaciones económicas, lo hacen por la garantía que representa el ultraliberal Paulo Guedes como ministro de Economía. Una muestra de ello es que en las primeras semanas de enero la Bolsa de San Pablo batió diez récords históricos. 

Una medida de Bolsonaro que fue duramente cuestionada por la oposición, fue el decreto que facilita y actualiza la posesión de armas de fuego en el país, una de sus principales promesas de campaña. El Partido de los Trabajadores (PT) argumentó críticamente que la última encuesta de Datafhola arrojó que el 63 por ciento de la población está encontra de la portación de armas. Analistas políticos subrayan que el proyecto crucial que emprenderá el ultraderechista es la reforma del sistema de jubilaciones, una medida exigida por los inversores económicos como garantía de saneamiento de las cuentas públicas. “Es una reforma muy difícil en cualquier país. Si el gobierno tiene éxito, tendrá un capital [político] muy grande. Pero si fracasa, temo por la continuidad de su capacidad de gobernar”, consideró el politólogo Carlos Pereira, profesor de la Fundación Getulio Vargas de Río de Janeiro. 

El último gran tema que tuvo a Bolsonaro en el ojo de la tormenta fue el desastre que produjo la ruptura de un dique minero que arrasó con la ciudad de Brumadinho, en el estado de Mina Gerais. La represa contenía residuos minerales de la compañía Vale, la mayor productora mundial de hierro. Hasta ahora, la tragedia dejó más de 70 muertos y cientos de desaparecidos. 

En el plano político, el ultraderechista continúa acorralando al ex mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, quien continúa preso desde abril en Curitiba. Además de haber nombrado a su acusador, el ex juez Sergio Moro, como actual ministro de Justicia, esta semana la Justicia Federal Regional le impidió a Lula asistir al velorio de su hermano mayor.

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