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TRAGEDIA EN LA SALUD PORTEÑA: UNA JOVEN DE 18 AÑOS ACUDIÓ A TRES GUARDIAS CON DOLOR DE PECHO, LE DIJERON QUE “ERA PSICOLÓGICO” Y MURIÓ

Valentina Zurita falleció a raíz de una cetoacidosis diabética tras peregrinar durante cuatro días por distintos centros de salud. La Justicia investiga presunta mala praxis y la familia exige respuestas.

La dolorosa muerte de Valentina Zurita, una joven de 18 años, sacude a la opinión pública y pone bajo la lupa el funcionamiento de los servicios de guardia en la Ciudad de Buenos Aires. Durante cuatro días, la adolescente recorrió tres establecimientos médicos en busca de asistencia por un fuerte dolor en el pecho; sin embargo, en lugar de recibir un diagnóstico acertado, los profesionales atribuyeron sus síntomas a cuadros de ansiedad o cuestiones de índole psicológica. Finalmente, se determinó que falleció por una cetoacidosis diabética grave.

El calvario de Valentina comenzó días antes de su deceso. Ante la persistencia e intensidad del malestar torácico —que llegó a generarle desesperación al punto de rasguñarse los brazos—, la joven y su entorno acudieron de manera reiterada a las guardias de al menos tres instituciones médicas: el Hospital Fernández, el Sanatorio Güemes y, por último, el Hospital Rivadavia.

De acuerdo con la reconstrucción del caso, en las primeras consultas los profesionales minimizaron los síntomas. Lejos de profundizar en estudios complejos o descartar patologías orgánicas urgentes, optaron por vincular el cuadro a crisis de ansiedad. En una de las clínicas privadas, incluso le recetaron clonazepam, ibuprofeno y un protector gástrico, además de derivarla formalmente a salud mental bajo la premisa de que no padecía ninguna enfermedad física. En otra de las instancias particulares, un profesional sugirió una tomografía valuada en una importante suma de dinero, pero restó urgencia al asunto asegurando que era meramente “para tranquilizarla”, recetándole nuevamente psicofármacos.

La situación escaló trágicamente durante la mañana del pasado jueves 15 de octubre, cuando el estado de salud de Valentina se deterioró de forma drástica, manifestando palidez extrema, cianosis en los labios y convulsiones.

Ante este cuadro crítico, fue trasladada de urgencia al Hospital Rivadavia. Fue en esa última atención donde los médicos detectaron que la paciente padecía diabetes tipo 1 y atravesaba un cuadro severo de cetoacidosis diabética —una complicación crítica generada por la falta de insulina que provoca la acumulación de cuerpos cetónicos y acidifica la sangre. Pese a los esfuerzos del personal por revertir la situación, la joven sufrió cuatro paros cardiorrespiratorios y falleció cerca de las 14:00.

La investigación judicial y el dolor de la familia

Tras el trágico desenlace, la familia de la víctima radicó una denuncia penal que quedó bajo la carátula de averiguación de causal de muerte. El abogado querellante, Roberto Herrera, confirmó que se solicitará la exhumación del cuerpo de la joven para someterlo a una nueva autopsia que permita dilucidar con precisión las responsabilidades médicas en el caso.

Por su parte, el Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires inició un sumario interno y analiza las actuaciones de los equipos médicos que intervinieron en las sucesivas atenciones previas de la adolescente.

“Me dijeron que no se podía hacer nada, que no tenía ningún tipo de enfermedad, sino algo psicológico”, lamentó con profundo dolor el padre de Valentina, reflejando la impotencia ante una muerte que, según denuncian, podría haberse evitado con un diagnóstico a tiempo.

En reclamo de justicia y para visibilizar el caso, familiares, allegados y vecinos convocaron a una movilización.

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